martes, 8 de diciembre de 2015

Escribo en el recuerdo

Juan Gelman me ha llevado a su territorio.
Me ha dejado varada en este mar sin orilla. Pero antes me ha rozado con la caricia virgen de una hoja en blanco.
Ha sido testigo de cómo se abrían mis ojos hasta expandirse por el universo en un caos sin cosmos.
Hasta abrirse paso entre los juncos para lograr ver el momento en que tu cuerpo se hace cóncavo en mi espejo.
Y ha visto mi espíritu surcando el viento, aproximándose a las encrucijadas de tus dedos.
Vuelve Cortázar a invocar todos los laberintos.
Sabe tu mano que no se pierde que el minotauro nunca será Saturno devorando el tiempo.
He sido bautizada por el fuego mientras las cenizas se hacían arena y todas las esquinas se volvían playa.
Y un océano limpio abría sus aguas para dar de beber a los náufragos sedientos.
Pero llovía a gusto de todos los corazones sin reloj cuyos cuerpos ignoraron las sequías.
Esa lluvia que empapaba mucho antes de mojar, sobre la que tú acostumbrabas a tender las flores.
Esas lágrimas gigantes para llorar sin fin en mitad de los magníficos desiertos.
Recuerdo que te llevaba a través del tiempo y que te hice pájaro y coral y bendecí tus vuelos.
En mi génesis tuve que construir una y otra vez este silencio.

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