lunes, 28 de marzo de 2016

Escribir también es rezar

Un niño sirio me tira del caballo justo cuando acababa de perder la fe.
No son los años sesenta ni setenta pero he vuelto a creer en el poder de las flores.
Así que me he fumado una amapola y he deshojado una margarita mientras cabalgaba sobre un fusil para tumbar las fronteras (hacerlas decimonónicamente horizontales).
La música que escucho se ve interrumpida una y otra vez por disparos, pero Bowie ha muerto.
La tristeza ha llenado de bombarderos mi cielo azul y ha tenido que venir cierta alegría a gritarme al oído mi amor de Casablanca. El mundo se derrumba y nosotros... Nosotros, sí, lo estamos sujetando, como Atlas, sin ser titanes, con nuestras cabezas.
Juan Gelman está alerta y temen el horror hasta los colibríes, pero hay un jilguero que anida en las barbas de Whitman y canta en el jardín de Fuente Vaqueros.
He cultivado pan para hacerle la guerra al hambre y me he ido a dormir y sobre todo a soñar.
Los continentes vuelven a separarse.
Yo me uno a ti y me zambullo en el mar.
Hoy no quería nadar sino abrazar la inmensidad.
Escribir, te lo dije, también es rezar.
Mírame, ya solo puedo tener las manos juntas.

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1 comentarios:

Anonymous pjama ha dicho...

Amén!

28 de marzo de 2016, 6:58  

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