Escribir también es rezar
No son los años sesenta ni setenta pero he vuelto a creer en el poder de las flores.
Así que me he fumado una amapola y he deshojado una margarita mientras cabalgaba sobre un fusil para tumbar las fronteras (hacerlas decimonónicamente horizontales).
La música que escucho se ve interrumpida una y otra vez por disparos, pero Bowie ha muerto.
La tristeza ha llenado de bombarderos mi cielo azul y ha tenido que venir cierta alegría a gritarme al oído mi amor de Casablanca. El mundo se derrumba y nosotros... Nosotros, sí, lo estamos sujetando, como Atlas, sin ser titanes, con nuestras cabezas.
Juan Gelman está alerta y temen el horror hasta los colibríes, pero hay un jilguero que anida en las barbas de Whitman y canta en el jardín de Fuente Vaqueros.
He cultivado pan para hacerle la guerra al hambre y me he ido a dormir y sobre todo a soñar.
Los continentes vuelven a separarse.
Yo me uno a ti y me zambullo en el mar.
Hoy no quería nadar sino abrazar la inmensidad.
Escribir, te lo dije, también es rezar.
Mírame, ya solo puedo tener las manos juntas.
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