sábado, 25 de agosto de 2012

Nadie es una isla, helenofilia, amor y arte, y Blake componiendo una Ilíada sin guerra

Sí, lo confieso. También soy islomaniaca. Como Durrell. De los dos, Lawrence. Y también helenófila. Hubo un tiempo en que lo fui más. Mucho más. Lo recuerdo. Después he buscado el azul incansablemente por todas partes. He llegado a llamarle a gritos en ocasiones y desesperadamente. Y he levantado ruinas. William Blake y otros me ayudaron mucho.

Antes de entrar del todo en la "Prosa inédita de juventud" de Federico García Lorca he leído esto: "Hay muchos hombres que se ríen del amor y del arte. Esos son los que alcanzarán la felicidad en la tierra. Los que tienen corazón de fuego y aman con amor verdadero... esos son los que alcanzan el dolor y la inquietud por el más allá".

Apenas había dejado estas palabras y ya estaba con las hadas que dibujó Blake y en "El sueño de una noche de verano" de Shakespeare. Sonaba Satie. Y un sombrero se volvía loco por una cabeza.


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martes, 3 de julio de 2012

Soñando con William Blake (a su lado)

Soñando, soñando, he llegado hasta William Blake, que estaba descendiendo a los infiernos de Dante de la mano de Virgilio. Dentro de sus dibujos he comprendido lo que es ser romántico pero de verdad. También he tenido el miedo de la pesadilla. Después me he encontrado con el título de una exposición del mallorquín Joan Bennàssar en Es Baluard, "El vino que bebo sabe a mar". Y he tenido mucha sed. Ahora estoy bebiendo.


William Blake espera con sus visiones, fantasías, profecías, en el Caixaforum de Madrid. Quizá tuviera razón y la imaginación sea no un estado, sino "la existencia humana en sí misma". Lo dijo.

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domingo, 15 de abril de 2012

Girando con un movimiento de rotación y otro de traslación


Apuntarse a la órbita casi redonda de Venus,
dar vueltas un día cualquiera,
trazar circunferencias con los lápices de William Blake
(dios se llama elohim pero no hay mayúsculas),
dibujar círculos concéntricos hasta ser el tronco de ese árbol,
la casa-árbol de "el arpa de hierba" de Truman Capote,
que sirvió para la huida y fue refugio,

viajar al centro de esta tierra y cualquier otra
en la imaginación nave del Julio Verne niño,
un niño sentado frente a un muelle,
llamar a Brecht y preguntarle, suyo es "el círculo de tiza caucasiano",
o leer a Octavio Paz y su "piedra de sol",
que unió el final con el principio,

y pararse en pleno movimiento cuando dice:

"Mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles,
el tiempo en monedas de cobre y mierda abstracta;"

mejor llegar hasta el final, verso 584, y estar
extrañamente dentro del calendario azteca


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