domingo, 29 de septiembre de 2013

Álvaro Mutis y el canto silencioso de su tripulación

Pensó que era un acuario y era el mar.
Un pez caía del cielo. Lo pudo perder una gaviota.
Maqroll el Gaviero se entrega al placer en las cantinas.
"Hay cauces secos por donde correrán aún aguas magníficas". Por eso.
Álvaro Mutis espera a Ilona. Llegará con la lluvia como todo lo demás.
Escucha el llanto de la vida apoyada sobre su hombro.
Y grita en el desierto su palabra espinosa y sedienta.
Reza la triste letanía para el alborozo de los cuerpos. 
Cuando hablar ya no tiene su sentido, cuando la muchacha se presta a la batalla.
Y las vírgenes se coronan de laureles en los puertos.
Es ese nombre el que levanta a las tempestades de su sueño dormido.
Solo estas manos podrán hacer que baje la marea.

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viernes, 27 de septiembre de 2013

Ayer se me cayó un poema de Louis Aragon al suelo, le oí reírse


Engañemos a este invierno también con una palabra tierna.
Porque el cielo se ha llenado de ofiuras.

Qué bulevares nos esconderán mañana cuando deje de anochecer.
Y cuando el día nos interrogue como si no bastaran nuestros cuerpos.

Qué es eso que tiene intrigadas a las flores.
Mirad cómo nazco otra vez.
Muéstrate cómo eres. Eres un hombre. Repite el coro de esa voz.
Un segundo es el tiempo que precisan los vivos.
Te lo están diciendo a gritos: Aquí es donde comienza el fuego.

No todos eligen dejar que sangren sus deseos.
Se ha sentado mi luz sobre los páramos.
Las moscas insisten en devanar tus ojos.

Esa mujer no se cansa de dibujar el contorno de su orilla para que el mar se acerque.
Los atardeceres se amontonan en la cumbre.
Van llegando con sus pasos ceremoniosos al ara de este sacrificio.

Los libros viejos se preparan para el otoño. ¿No ves cómo sueltan sus hojas?
Caen donde tienen que caer.
Hasta el sol se asombra.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

El frasco de láudano y el tiempo empeñado en reinar y empujando al poeta como a un buey

Te quedas dormido con el Poeta en Nueva York entre las manos. Y cuando te levantas te encuentras con el "Spleen de París". De sobra sabes que no hay pequeños poemas. Luego te das cuenta que has juntado la traducción de Julio Cortázar de los Cuentos de Edgar Allan Poe con la de Aurora Bernárdez (y Guillermo de la Torre) de El malentendido de Camus. Mientras te estás preparando para sonreír (por el feliz matrimonio), observas que también están Las flores del mar, de Baudelaire. Y entonces te acuerdas de que el francés se obsesionó con Poe y también fue su traductor. Y adviertes que tú estás obsesionado con Baudelaire, incluso cuando lees a Poe. Y ya no puedes ni quieres salir del mundo que es tu pequeña habitación.

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Simplemente azul

Esta primavera que llega en otoño.
Este otoño mediterráneo que es un abril.
Estas buganvillas empeñadas en crecer y dar en el blanco.
Este mes de arcángeles.

El viento se tumba a descansar y al levantarse observa furioso que se ha convertido en isla. Después se calma. Con los pies ya en la tierra

Este ángel que surca el cielo y se lanza de la altura.
El que bebe agua del río para seguir siendo un ángel.
El ángel incierto de la no mitología, el que se escapó de los libros para volver a diario.
En el tiempo aquel que Baudelaire ensanchaba su envidia del albatros.
Y mi letra pequeña exhibía su mascarón de proa entre números grandes.

No pude resumirte mi vida. Y aún la estoy contando con los dedos que traigo.
No sé qué quiere la sombra.
Ni qué hay delante de la luz.
Ni por qué la penumbra ilumina de esta manera cuanto leemos.

Por qué no acabamos de comprender que mueren los dioses por ser hombres.
Que están muriendo ahora y entretanto.

De este ángel poco supo Platón.

Te dije: Todo parece Eolia. Una gota azul esculpiendo en la tierra su anteojo.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Las velas guardan el viento, los puertos las despedidas

Vuelan los ángeles mi nombre. Mi nombre de alas y el albatros.
Vuelan las alas su vuelo de mar airado sobre la tierra que mece su agonía.
Vuelas tú mi nombre de ángeles con alas que no han temido al dolor ni aun temerán la sangre.
De las alas de ángel caído, de alas náufragas, de alas rotas en tempestades que viven dentro de los barcos.
Vuela el hombre que quiere volar.

Albert Camus tiende su cuerpo dolorido sobre el mar

No sabemos si la rebeldía de Albert Camus es puramente estética.
¿Y qué, si es puramente estética?
Quería Camus que el hombre volviera a lo humano. El hombre hombre.

A propósito del mar en el horizonte, dice Marta: "Leí en un libro que el sol se come hasta las almas y hace resplandecer los cuerpos, pero los vacía por dentro".
Y La Madre: "¿Y eso, Marta, te hace soñar".
Y Marta: "Sí, porque estoy harta de cargar siempre con mi alma y tengo prisa por llegar a ese país donde el sol mata las preguntas".

En "El malentendido", traducción de Aurora Bernárdez, que fue compañera eterna (aunque se separaron) de Julio Cortázar, y Guillermo de la Torre, ese catedrático olvidado de la Generación del 27 que se casó con la pintora Norah Borges, hermana del otro Borges.

"El malentendido", en edición de Losada de 1962, de la biblioteca de un poeta.

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