jueves, 17 de septiembre de 2020

Di Tánger y luego azul

Fui yo quien se suicidó desde el abismo que siempre fue la comisura de tus labios. Yo quien huyó como una fuga de Bach entre tus manos polifónicas. Volando sin parar sobre lo común en uno de los paraguas que nunca llegó a teclear Satie en su clamorosa soledad. Una gimnopedia la de mi piel exhausta bajo una obstinada lluvia de nubes pasajeras. Abiertamente descubierta en el desierto donde solía demorarse el amanecer, tejiendo y destejiendo una y otra vez la horizontal de aquel delirio. Nunca quiso Penélope esa Troya sino tenderse en la llanura tebana para confundir a los oráculos. Pero llegó la ola con su fauce hambrienta a tragarse toda la cosecha y entonces hubo que poner de revés los rostros horadados por los besos para que las lágrimas no se hicieran ríos e inundaran el pobre mar incauto. Por eso, aún están nuestros cuerpos tratando de emular a las caracolas. Atenas haciéndose Esparta no sin dolor y sin batalla. No maldigas mi nombre bajo el sol ardiente. Di Tánger y acuéstate sobre mis espaldas. Azul ahora y haz venir la madrugada. Vuelve a profanar el cerco minoico de mi risa. Y guárdame en tus bolsillos junto a los días tristes. Qué podría recordar si no los acantilados que tallaron con su infinita insolencia nuestros vértigos. Ese océano proceloso y épico a nuestro alrededor, la misma incesante espuma y todos los barcos palideciendo de tantas millas y humedad asombrosamente ebrios.

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jueves, 29 de enero de 2015

Aquiles está sentado por fin junto a la tortuga y no le importa la gloria

Bach se ha despertado esta mañana a escuchar el canto alborotado de los pájaros. Ha visto al mundo herido y lo ha querido curar a su manera. Te he dicho que no van las tortugas a aligerar su paso porque tengamos prisa. Somos nosotros los que tendremos que decirles a nuestros pies que aprendan de las caricias de nuestras manos. Aprendimos demasiado pronto que la vida en serio y por eso, contra los pronósticos y los poetas, hemos querido abrazarlo todo abrazándonos sin saber que eso ya era suficiente.

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domingo, 8 de abril de 2012

Un perro escucha a Bach, Adriano muere por Antinoo y ariadna bebe vino

Escuchando a Bach he vuelto a un lugar donde no solo viven las musas. También hay un perro semihundido, que se asoma de vez en cuando. Este perro ha visto el horror de la guerra y la tragedia en los ojos de Cronos devorando a sus hijos, y tiene miedo. Esos ojos no se apagan con la oscuridad sino que son la oscuridad. Son los mismo ojos que sembraron los lienzos de Beckmann y de los que nacieron nuevos ojos que están por todas partes y miran. Quieren ver. saben que la luz no siempre viene del cielo. Adriano ha vuelto a enamorarse de Antinoo. Y Ariadna, en realidad, estaba esperando a Dionisos en Naxos. Nunca lloró a Teseo.

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