domingo, 16 de junio de 2013

Si bastara la vida...

La vida, si bastara. Si bastara aquel beso, si ese beso fuera siempre el primero.
Si la urdimbre de la araña bastara para cerrar el paso.
Y este brazo solo para que otro hombre lleve su arado hasta los confines de la tierra.
Si bastaran los ojos para ver la podredumbre que ronda el agujero.
Y mi lágrima para llenar el mar de los ahogados.
Si la vida fuero esto.
Si bastara mirarla para hacerla bella.
Si pudiera abrir las puertas del reino a los desheredados, los apátridas.
Y derribar los templos para construir techos que tapen las estrellas.
Si esa estrella sigue ahí y nos mira siempre.
Y la lluvia incesante cae sobre nosotros y nuestras incertidumbres.
Entonces nunca más pondremos a secar nuestros vestidos.
No antes de ahogarnos en el Sena y nombrar a París por su aguacero.
Porque ha vuelto Cortázar esta madrugada y se han multiplicado las ventanas de mi casa.
Han vuelto los Cronopios a reírse de las Famas.
Y Pessoa está asomado a los campos.
Y yo le grito: Soy el que siempre quiere irse y siempre se queda.
Tropiezo contra todo y todos tropiezan conmigo.
Soy el que está en el borde del camino y en la encrucijada.
Sé que Molloy o Becket están viéndome.
Y que Godot solo existe en las tablas de un teatro.
Soy el que lleva los zapatos llenos de polvo y la boca sedienta de beber.
El que colecciona madrugadas como si fueran mariposas y sabe cómo alborotar a las gaviotas.
El que pasea por los puertos y cuenta barcos al revés.

Humanamente. No hay otra manera de vivir.
Aprendí a ser un hombre entre los hombres.
Y he amado mi nombre antes de pronunciarlo.

Lo que me duele es algo que no se llama herida.



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jueves, 23 de agosto de 2012

Cluny Brown ama la fontanería las 24 horas del día. Cortázar escribe sobre ella. Mi casa está tomada

Ahora soy un cronopio las veinticuatro horas del día. 24 h. Ya no me relaciono con las famas. Me limito a mirar por mi ventana. Espero a que pase la chica de la fábrica de cerillas. Le he dicho que si un día (muchos) está triste cierre los ojos y diga: "Ardillas para las nueces". Ha sido un homenaje a la "Cluny Brown" de Lubitsch, esa chica que amaba la fontanería y no podía (ni quería) evitarlo.

El Moran de "Molloy" tiene algo del Montag de Bradbury y su Farenheit 451. La sombra de Malone le está buscando. Beckett escribe en el aire todo lo que quiere. Pedro Salinas vuelve a decírmelo: El silencio lo permite todo. Ha escrito: "¿No sientes qué alarmado está el mundo, su temblor? Tiene miedo. Sospecha de nosotros". Yo estoy en un sueño de Blake. Me he puesto a secar porque estuve 28 noches con sus días bajo la lluvia. Menos mal que Perec me enseñó a hacer inventario. Mucho antes de que el viento se llevara el tejado de mi casa.

De pronto miro y hay un camino largo como la noche cuando se multiplica e inventa y reinventa oscuridades. Un camino que no se cansa de llamarme a gritos. Como esa voz.

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sábado, 4 de agosto de 2012

Una mujer está sentada y se mira y no hay espejo


Egon Schiele. El hombre y su angustia. Un expresionista (austriaco).

Cruzas la calle, le miras y ves a Molloy diciendo: "Maté al Egeo, sediento de luz y calor, el Egeo se mató hace tiempo dentro de mí. Las sombras pálidas de los días lluviosos respondían mejor a mi temperamento, no, me expreso mal, a mi humor, tampoco, no tenía temperamento ni humor, hace tiempo que los perdí".

O algo así.

(Desde octubre y hasta enero en el Guggenheim de Bilbao. Schiele. Molloy sigue en su ventana).

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